Mi primer post como blogger: la Renovación Educativa.

Sí, este es mi primer post en mi propio blog. Normalmente suelo compartir cosas que me parecen interesantes para cualquiera de las materias de las que imparto en la Faculta de Filología, Traducción y Comunicación, así como en algún Master Internacional en los que participo.

La razón que me mueve a ello es que pienso que una cosa es compartir nuestros conocimientos y otra cosa es ser una soñadora ingenua que no ve claramente que los sueños, cuando se comparten sin licencia de autor, pueden adquirir destinos de autoría diferentes a los originarios.

Hoy en día, en el ámbito educativo, la palabra más utilizada es Innovación. Desde el año 2006 he estado incorporando a mis clases el llamado “Plan de Innovación Educativa” (PIE) y en el 2010 y el 2011 la Unidad de Innovación Educativa me concedió sendos proyectos para la innovación en las materias que impartíamos desde el área de Lingüística. Tenía que ser así, porque re-novación no implicaba excelencia.

En Julio pasado, cuando acudí a las Jornadas de Innovación Educativa, llegué a la conclusión de que todo eso que hemos estado haciendo no es innovar, sino renovar, y así lo publiqué en un comentario a un compañero de redes sociales ese mismo mes; así lo hago constar aquí ahora, porque veo que, poco a poco y sin mencionarme, se va extendiendo mi opinión. La innovación es otra cosa (de la que me ocuparé en otro momento), pero quiero dejar constancia de esa sensación de que -finalmente- parece que estamos entrando en razón y ya hay algún tipo de reflexión que ha conducido a algunos compañeros a acompañarme en mis planteamientos, por lo cual me siento profundamente satisfecha.

En mis clases me habéis oído explicar en qué consisten Mis Ideas para el Aprendizaje Universitario, a las que he dado el título de “MIAU” siguiendo las tendencias generales de ponerle siglas a todo planteamiento (MOOC, LMS, TIC, TAC, TEP, POD, CAT…). No tengo nada en contra de todo este mundo de siglas, aunque ya resulta un poco incómodo moverse con soltura entre todas ellas, pero si hay que subirse al carro, me subo.

Felicito muy sinceramente a los colegas que están trabajando en Planes y Proyectos de Innovación Educativa desde hace mucho tiempo porque he podido comprobar que, finalmente, todos los que trabajamos en ese sentido estamos en ese mismo tren renovador de la docencia. Me alegra, pues, comprobar que no es tan malo hablar de renovación.

Y tan solo me queda dejar mi opinión sobre este binomio renovación/innovación. Creo que muchas veces se confunden y se utiliza el término innovación cuando en realidad se está hablando de renovación (aunque nunca sucede a la inversa).

Es obvio que el término está de moda: hoy todo el mundo es innovador, porque como he dicho, si hablas de renovación no parece que apliques a tu docencia el bálsamo de la excelencia, aunque en realidad solo estés renovando tu metodología, tu enfoque sobre la organización de los contenidos disciplinares y la valoración de las habilidades inobservables así como de las competencias que los estudiantes deberían adquirir al finalizar tu labor. Y si renuevas es porque lo que hacías antes consideras que está obsoleto. Renovar es cambiar, utilizar algo nuevo en sustitución de algo ya agotado, pero en ningún caso es innovar. Cualquier herramienta digital o aplicación que hoy está en la cima de la novedad y satisface tus necesidades con respecto a la utilidad en clase, mañana deja de ser útil porque ha aparecido otra que nos proporciona mejores resultados para nuestras intenciones.

Pero esa renovación, si bien no es innovación, sí que está ayudando a construir una nueva mirada sobre los métodos pedagógicos y las teorías que han guiado hasta la actualidad la enseñanza en cualquier nivel que queramos mencionar. En la universidad tenemos la obligación de percatarnos del cambio social que se está produciendo porque dentro de 10 años nuestros alumnos van a venir con unas necesidades de aprendizaje muy diferentes a las que teníamos en los años 80-90. Y muchos de nuestros alumnos de hoy, van a ser docentes mañana.

Así pues, el problema no está en el término renovación, sino en el uso inapropiado de la palabra y del concepto de innovación. El trabajo que queda por hacer en la Teoría Educativa del siglo XXI es establecer los nuevos axiomas que deberían regir los principios educativos de la nueva sociedad que deriva y derivará de la época digitalizada en la que ya están naciendo y nacerán nuestros niños y jóvenes del mañana.

Otro día expondré mis ideas sobre lo que debería ser la Innovación Educativa. Solo son eso: mis ideas.

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